Rodillazo


De pequeño solía ir de vacaciones a Suecia a visitar a mi familia.
 
Un invierno, a la edad de 7 u 8 años, jugaba en la nieve con otros niños. Era ya oscuro, se hace de noche a las 3 y media en esa época del año, y jugábamos a hacer peleas, tirándonos bolas de nieve y revolcándonos por el suelo. Era un juego divertido, puesto que la nieve amortigua todos los golpes y con el esfuerzo físico no se sentía nada de frío, todo lo contrario sudábamos de calor, y nos lo pasábamos muy bien.

Más tarde un chico de dos o tres años más que nosotros se unió a nuestro juego. Después de un rato jugando, se acercó a mi, me puso sus manos sobre mis hombros y sin mediar palabra me pegó un duro rodillazo en los huevos. Caí rendido al suelo de dolor, retorciéndome de lado a lado, y pensando por qué narices me había hecho eso. Me dijo: “Hace un par de dias me lo hicieron a mí…”


Años mas tarde esperando el autobus para ir al colegio. Para variar había ido temprano aquel día, así que estaba en el puesto quinto ó sexto de la cola. De repente el chico más gamberro de la escuela, un par de años más mayor que yo, se coló justamente delante mía. Le dije que qué pasa, que no se podía colar así ( esto era absurdo, todo el mundo se colaba siempre, hasta yo mismmo. Pero ese día yo estaba orgulloso de haber llegado pronto y no quería que nadie se colara delante mío ).
 
El chaval se dió la vuelta y nos enzarzamos en una pelea de empujones y algún que otro puñetazo. Me agarró del cuello, metiendo su dedo pulgar debajo de mi yugular. Me quedé un par de segundos sin saber muy bien que hacer: de la manera que me tenía cojido no tenia escapatoria. Sin pensarlo mucho le pegué un rodillazo en las bolas lo más fuerte que pude.
 
Me soltó entre gemidos y me dijo: “Cabrón!, a traición”. Se metió la mano dentro del pantalón para tocarse la parte dolida, despues de unos segundos la volvió a sacar llena de sangre… Yo aproveché para colocarme de nuevo en mi sitio de la cola.


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Lilly Victoria

Victoria tenia mucha prisa por salir al mundo. Nació con una semana de anticipación y el parto fue rápido como un rayo. La comadrona salio después de una inspección diciendo que quedaba para rato. A los 20 minutos tocabamos el timbre desesperados: sino viene pronto se va a perder el parto!.vicky1-1-of-1.jpgEs flaquita, apenas 3Kg de peso. Pero igual de alta que su hermana Rebecka, 49cm. Afortunadamente tiene mucho apetito, seguro que pronto subira bastante de peso.vicky2-1-of-1.jpgAhora solo duerme y come. Require de todas nuestras atenciones, tanto de día como de noche. Cuando uno pasa mucho tiempo cuidando a un bebe, durmiendo poco durante muchos dias y acumulando cansancio, al final, todo el mundo se convierte en bebe. Vas al supermercado a comprar pañales, y el cajero es un bebé. Tus compañeros de trabajo: bebes. Tus padres: bebés.vicky3-1-of-1.jpg

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Técnica de estudios

Siendo aún un niño, estudiando E.G.B, aunque no recuerdo el año, ni cómo empezó exactamente, descubrí una técnica de estudios que realmente ha sido espléndida para terminar todos mis estudios, con buena nota, aunque en la práctica sin tener ni puñetera idea de nada.Aunque no recuerdo bien cómo la descubrí, creo que fue alguna vez que teniendo un examen al día siguiente, no había estudiado lo suficiente. Me acosté cabreado, pensando la vergüenza que sería suspender un examen por primera vez en mi vida. O simplemente no sacando un sobresaliente o notable. De repente, en mitad de la noche me desperté, y decidido, me levanté de la cama, cogí el libro que correspondiera, y me puse a estudiar a altas horas de la madrugada. No tendría más que 9 o 10 años.La técnica se fue perfeccionando con el tiempo más y más. Ya no necesitaba estudiar nada para los exámenes: automáticamente me levantaba a las 4 de la madrugada y estudiaba en 3 o 4 horas todo lo necesario para sacar un sobresaliente. Por algún motivo, a esas horas el cerebro estaba en unas condiciones excepcionales para memorizar de carrerilla cualquier asignatura: batalla de las Termópilas, ríos de España o funcionamiento del riñón humano. Cualquier cosa era memorizada y al día siguiente expulsada de carretilla en un examen modelo, donde siempre las preguntas eran directamente asociadas a algún párrafo del tema en cuestión.Año tras año recurría a mi técnica de estudios y de manera implacable me repartían sobresaliente tras sobresaliente. Yo: el mejor de la clase. El favorito del tutor y todos los profesores. Mis compañeros de clase me odiaban: niño repelente empollón.niño empollónUna vez pasó algo totalmente imprevisto. El día anterior a un examen de biología final, me acosté como de costumbre, sin siquiera haber abierto el libro. Esperaba levantarme automáticamente a las 4 de la madrugada para memorizar todo lo necesario para un sobresaliente. La noche pasó apaciblemente, y cuando me desperté fue porque mi madre me está pegando gritos para que me levantase de la cama.Maldición!!. Eran las 8:30 de la mañana. El examen empezaba dentro de una hora y no tenía absolutamente ni idea de nada. Fue esa vez que experimenté el horror de la manera mas terrible: flojera de estómago y nerviosismo sin igual. Iba a suspender irremisiblemente y no podría hacer nada para evitarlo. Ir al colegio ese día sería como para una oveja ir al matadero. Un final terrible e irremisible. Las burlas me perseguirían hasta el fin, y la vergüenza y humillación se convertirían en adjetivos de mi persona. Solo había una solución: no ir a clase ese día: Mamá estoy enfermo.Mi madre, sabia, fue a buscar un termómetro. Para mi madre no hay enfermedad posible que no se exprese en forma de fiebre. Si no hay fiebre, no hay enfermedad.Mientras ella busca el termómetro yo salto en la habitación, y corro de un lado a otro. Justo antes de que mi madre llegue pego un brinco y me meto en la cama. Ella introduce el termómetro en el orificio anal. Yo aprieto el culo y intento aumentar la temperatura de alguna manera. Pasan 2 minutos. Palmada en el culo y… venga!, al colegio que no tienes fiebre. Y rápido que ya es tarde!.Esto es el fin. Voy a ser humillado delante de todo el mundo. Los más cafres de la clase que jamás aprueban, al menos sacan un 2 o un 3 de nota. Yo sacaré un cero. No sabia nada de nada.Solo me quedaba una solución. Faltar a clase. Pero yo no era de esos. Jamás había faltado a clase. Si mis padres se enteraran me caería la paliza de mi vida.Afortunadamente, mis mejores amigos, que eran vecinos de donde vivía, eran todos expertos en escaquearse. Pasé por casa de Lito. Pego en la puerta. Abre su hermana Clara con cara de sorpresa. Qué hace esté aqui tan temprano?. Entro y me encuentro con Lito, también muy sorprendido. Lito, tengo un problema…Mi gran amigo Lito me solucionó el problema. Nos escaqueamos aquél día y conocí el submundo de los que se escaquean. El lugar elegido por todos para no ser descubierto era un antiguo campo de golf abandonado. Allí se juntaba toda la chusma que nunca iba a clase. Fumadores, porretillas, revistas pornográficas y algún que otro yonqui como el electric, que encontraba en estos piltrafillas alguna posibilidad de sacar dinero para uno de sus chutes.Al día siguiente le expliqué al profesor que había estado enfermo, que me tuve que quedar en casa, pero que haría el examen lo antes posible. Mi profesor, siendo yo el número 1 de la clase, no dudó ni un instante en mi palabra, me dio nueva fecha a la semana siguiente, y usando mi grandiosa técnica de estudios saqué un sobresaliente.

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8

Desde muy joven ya me de cuenta de la importancia de ese número. Se convirtió de manera natural en mi número favorito. Mi querido profesor de E.G.B., Don José Luís Cózar Granja, tenía la costumbre de hacer una lotería bastante a menudo. Una lotería en la que particularmente nadie quería ganar. El premio era recitar distintos párrafos de historia, biología o alguna otra asignatura donde hubiera un gran potencial de poder aprenderse cientos de párrafos de memoria.

Cada alumno tenia un número, el mío era el 8. Los números estaban impresos en bolas de bingo, metidas en una bolsa, de donde el profesor sacaba los números. En una sesión de loterías salían entre 5 y 10 premiados. Al que le tocara su número asignado, tendría que someterse a una tanda de preguntas a las que tendría que responder minuciosamente según el texto exacto de libro. No saber contestar te sometería a una humillación pública y varios puntos negativos que te joderían la nota final.Fue entonces cuando comprendí que ese número era algo más que un simple número. Era mi número de la suerte.

Y por eso, durante 3 años de loterías celebradas regularmente cada semana, jamás, ni una sola vez tocó mi número. Eramos 27 alumnos, en cada lotería podían tocar entre 5 y 10 números. Según todas las teorías probabilísticas habidas y por haber, es imposible que no me tocara, pero así fue. Era divertido ver a mis compañeros sudando de nerviosismo ante cada lotería, mientras que yo estaba tranquilo, sin preocupaciones, y sobre todo, sin tener ni puñetera idea del texto de historia o de lo que tratara aquella lotería en particular.Hoy, después de hablar con mi abuela, 8 minutos, como siempre. Colgué y caí en la cuenta de algo… mi número jamás estuvo en la bolsa de bingo.

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Durmiendo en el trabajo

En Suecia, dormir en el trabajo está estrictamente prohibido. Se puede considerar incumplimiento de tus obligaciones laborales y te pueden echar sin más. En definitiva, nada que preocupe a un sueco, que no tiene ninguna costumbre de dormir la siesta. Sin embargo, toda esta historia del insomnio, está empezando a hacer mella. A pesar de mis importantes responsabilidades en el trabajo y de mi gran motivación, hoy he caído en redondo. Uno de mis subordinados ha aprovechado la oportunidad para obtener una prueba inescrutable de incumplimiento de mis responsabilidades laborales…  20070620037s.jpg

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Insomnio

En Suecia, en esta época del año, amanece muy temprano. A veces el reloj puede engañar a la mente. Despertarse de repente, en mitad de la noche, mirar el reloj de pulsera, y ver que son a penas las 7 de la mañana: “Es curioso como aún esta tan oscuro. Quizás esté nublado hoy, a pesar de la hola de calor de estos días, hoy amanece nublado”.
 
Las 7 de la mañana es una buena hora para despertarse. Para que de tiempo a ducharse y a desayunar sin prisas. Da cierta alegría saber que el cuerpo ha tenido todas esas horas para descansar. De 11 a 7 de la mañana son 8 horas. Perfecto. Después de varios días de insomnio, una noche por fin, 8 horas de merecido descanso. Un día más sin dormir mis 8 horas y me da algo. Hay gente que puede dormir 6 horas o menos, y estar completamente descansada. Yo necesito dormir mínimo 8, aunque idealmente 10, para estar al 100%. Para poder cumplir con mis responsabilidades en el trabajo, y también en casa. Si no duermo lo suficiente, rápidamente me pongo de mal humor, y rindo poco en el trabajo. Siempre me pasa lo mismo en ésta época del año. En estas latitudes, en Junio, amanece sobre las 3 de la mañana. Si está nublado, como hoy, no hay problema. Pero si esta soleado, entonces, a pesar de las cortinas, se mete el sol en el dormitorio, y a la mínima interrupción, abrir los ojos y ya no poder cerrarlos mas, por muy cansado que me encuentre. Esta situación puede durar todo junio e incluso julio. Dependiendo de la suerte que haya con el tiempo. Si hace muy buen tiempo, mas jodido estoy. Si hace mal tiempo, también estoy jodido, porque son los únicos meses de buen tiempo en todo el año, y hace falta que haga buen tiempo para poder recargar las baterías después del largo invierno. En fin, una paradoja de la vida.
 
Y ahora, qué?. Está entrando un rayo de sol por la ventana. Vaya, o sea que al final no va a estar nublado hoy. Miro nuevamente el reloj: las cinco y diez de la madrugada. Maldita sea. Esa simetría en las agujas de mi reloj de pulsera me la ha jugado… otro día mas de insomnio.

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