Rodillazo
Victoria tenia mucha prisa por salir al mundo. Nació con una semana de anticipación y el parto fue rápido como un rayo. La comadrona salio después de una inspección diciendo que quedaba para rato. A los 20 minutos tocabamos el timbre desesperados: sino viene pronto se va a perder el parto!.
Es flaquita, apenas 3Kg de peso. Pero igual de alta que su hermana Rebecka, 49cm. Afortunadamente tiene mucho apetito, seguro que pronto subira bastante de peso.
Ahora solo duerme y come. Require de todas nuestras atenciones, tanto de día como de noche. Cuando uno pasa mucho tiempo cuidando a un bebe, durmiendo poco durante muchos dias y acumulando cansancio, al final, todo el mundo se convierte en bebe. Vas al supermercado a comprar pañales, y el cajero es un bebé. Tus compañeros de trabajo: bebes. Tus padres: bebés.![]()
Siendo aún un niño, estudiando E.G.B, aunque no recuerdo el año, ni cómo empezó exactamente, descubrí una técnica de estudios que realmente ha sido espléndida para terminar todos mis estudios, con buena nota, aunque en la práctica sin tener ni puñetera idea de nada.Aunque no recuerdo bien cómo la descubrí, creo que fue alguna vez que teniendo un examen al día siguiente, no había estudiado lo suficiente. Me acosté cabreado, pensando la vergüenza que sería suspender un examen por primera vez en mi vida. O simplemente no sacando un sobresaliente o notable. De repente, en mitad de la noche me desperté, y decidido, me levanté de la cama, cogí el libro que correspondiera, y me puse a estudiar a altas horas de la madrugada. No tendría más que 9 o 10 años.La técnica se fue perfeccionando con el tiempo más y más. Ya no necesitaba estudiar nada para los exámenes: automáticamente me levantaba a las 4 de la madrugada y estudiaba en 3 o 4 horas todo lo necesario para sacar un sobresaliente. Por algún motivo, a esas horas el cerebro estaba en unas condiciones excepcionales para memorizar de carrerilla cualquier asignatura: batalla de las Termópilas, ríos de España o funcionamiento del riñón humano. Cualquier cosa era memorizada y al día siguiente expulsada de carretilla en un examen modelo, donde siempre las preguntas eran directamente asociadas a algún párrafo del tema en cuestión.Año tras año recurría a mi técnica de estudios y de manera implacable me repartían sobresaliente tras sobresaliente. Yo: el mejor de la clase. El favorito del tutor y todos los profesores. Mis compañeros de clase me odiaban: niño repelente empollón.
Una vez pasó algo totalmente imprevisto. El día anterior a un examen de biología final, me acosté como de costumbre, sin siquiera haber abierto el libro. Esperaba levantarme automáticamente a las 4 de la madrugada para memorizar todo lo necesario para un sobresaliente. La noche pasó apaciblemente, y cuando me desperté fue porque mi madre me está pegando gritos para que me levantase de la cama.Maldición!!. Eran las 8:30 de la mañana. El examen empezaba dentro de una hora y no tenía absolutamente ni idea de nada. Fue esa vez que experimenté el horror de la manera mas terrible: flojera de estómago y nerviosismo sin igual. Iba a suspender irremisiblemente y no podría hacer nada para evitarlo. Ir al colegio ese día sería como para una oveja ir al matadero. Un final terrible e irremisible. Las burlas me perseguirían hasta el fin, y la vergüenza y humillación se convertirían en adjetivos de mi persona. Solo había una solución: no ir a clase ese día: Mamá estoy enfermo.Mi madre, sabia, fue a buscar un termómetro. Para mi madre no hay enfermedad posible que no se exprese en forma de fiebre. Si no hay fiebre, no hay enfermedad.Mientras ella busca el termómetro yo salto en la habitación, y corro de un lado a otro. Justo antes de que mi madre llegue pego un brinco y me meto en la cama. Ella introduce el termómetro en el orificio anal. Yo aprieto el culo y intento aumentar la temperatura de alguna manera. Pasan 2 minutos. Palmada en el culo y… venga!, al colegio que no tienes fiebre. Y rápido que ya es tarde!.Esto es el fin. Voy a ser humillado delante de todo el mundo. Los más cafres de la clase que jamás aprueban, al menos sacan un 2 o un 3 de nota. Yo sacaré un cero. No sabia nada de nada.Solo me quedaba una solución. Faltar a clase. Pero yo no era de esos. Jamás había faltado a clase. Si mis padres se enteraran me caería la paliza de mi vida.Afortunadamente, mis mejores amigos, que eran vecinos de donde vivía, eran todos expertos en escaquearse. Pasé por casa de Lito. Pego en la puerta. Abre su hermana Clara con cara de sorpresa. Qué hace esté aqui tan temprano?. Entro y me encuentro con Lito, también muy sorprendido. Lito, tengo un problema…Mi gran amigo Lito me solucionó el problema. Nos escaqueamos aquél día y conocí el submundo de los que se escaquean. El lugar elegido por todos para no ser descubierto era un antiguo campo de golf abandonado. Allí se juntaba toda la chusma que nunca iba a clase. Fumadores, porretillas, revistas pornográficas y algún que otro yonqui como el electric, que encontraba en estos piltrafillas alguna posibilidad de sacar dinero para uno de sus chutes.Al día siguiente le expliqué al profesor que había estado enfermo, que me tuve que quedar en casa, pero que haría el examen lo antes posible. Mi profesor, siendo yo el número 1 de la clase, no dudó ni un instante en mi palabra, me dio nueva fecha a la semana siguiente, y usando mi grandiosa técnica de estudios saqué un sobresaliente.
Desde muy joven ya me de cuenta de la importancia de ese número. Se convirtió de manera natural en mi número favorito. Mi querido profesor de E.G.B., Don José Luís Cózar Granja, tenía la costumbre de hacer una lotería bastante a menudo. Una lotería en la que particularmente nadie quería ganar. El premio era recitar distintos párrafos de historia, biología o alguna otra asignatura donde hubiera un gran potencial de poder aprenderse cientos de párrafos de memoria.
Cada alumno tenia un número, el mío era el 8. Los números estaban impresos en bolas de bingo, metidas en una bolsa, de donde el profesor sacaba los números. En una sesión de loterías salían entre 5 y 10 premiados. Al que le tocara su número asignado, tendría que someterse a una tanda de preguntas a las que tendría que responder minuciosamente según el texto exacto de libro. No saber contestar te sometería a una humillación pública y varios puntos negativos que te joderían la nota final.Fue entonces cuando comprendí que ese número era algo más que un simple número. Era mi número de la suerte.
Y por eso, durante 3 años de loterías celebradas regularmente cada semana, jamás, ni una sola vez tocó mi número. Eramos 27 alumnos, en cada lotería podían tocar entre 5 y 10 números. Según todas las teorías probabilísticas habidas y por haber, es imposible que no me tocara, pero así fue. Era divertido ver a mis compañeros sudando de nerviosismo ante cada lotería, mientras que yo estaba tranquilo, sin preocupaciones, y sobre todo, sin tener ni puñetera idea del texto de historia o de lo que tratara aquella lotería en particular.Hoy, después de hablar con mi abuela, 8 minutos, como siempre. Colgué y caí en la cuenta de algo… mi número jamás estuvo en la bolsa de bingo.
En Suecia, dormir en el trabajo está estrictamente prohibido. Se puede considerar incumplimiento de tus obligaciones laborales y te pueden echar sin más. En definitiva, nada que preocupe a un sueco, que no tiene ninguna costumbre de dormir la siesta. Sin embargo, toda esta historia del insomnio, está empezando a hacer mella. A pesar de mis importantes responsabilidades en el trabajo y de mi gran motivación, hoy he caído en redondo. Uno de mis subordinados ha aprovechado la oportunidad para obtener una prueba inescrutable de incumplimiento de mis responsabilidades laborales… 