8

Desde muy joven ya me de cuenta de la importancia de ese número. Se convirtió de manera natural en mi número favorito. Mi querido profesor de E.G.B., Don José Luís Cózar Granja, tenía la costumbre de hacer una lotería bastante a menudo. Una lotería en la que particularmente nadie quería ganar. El premio era recitar distintos párrafos de historia, biología o alguna otra asignatura donde hubiera un gran potencial de poder aprenderse cientos de párrafos de memoria.

Cada alumno tenia un número, el mío era el 8. Los números estaban impresos en bolas de bingo, metidas en una bolsa, de donde el profesor sacaba los números. En una sesión de loterías salían entre 5 y 10 premiados. Al que le tocara su número asignado, tendría que someterse a una tanda de preguntas a las que tendría que responder minuciosamente según el texto exacto de libro. No saber contestar te sometería a una humillación pública y varios puntos negativos que te joderían la nota final.Fue entonces cuando comprendí que ese número era algo más que un simple número. Era mi número de la suerte.

Y por eso, durante 3 años de loterías celebradas regularmente cada semana, jamás, ni una sola vez tocó mi número. Eramos 27 alumnos, en cada lotería podían tocar entre 5 y 10 números. Según todas las teorías probabilísticas habidas y por haber, es imposible que no me tocara, pero así fue. Era divertido ver a mis compañeros sudando de nerviosismo ante cada lotería, mientras que yo estaba tranquilo, sin preocupaciones, y sobre todo, sin tener ni puñetera idea del texto de historia o de lo que tratara aquella lotería en particular.Hoy, después de hablar con mi abuela, 8 minutos, como siempre. Colgué y caí en la cuenta de algo… mi número jamás estuvo en la bolsa de bingo.

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Durmiendo en el trabajo

En Suecia, dormir en el trabajo está estrictamente prohibido. Se puede considerar incumplimiento de tus obligaciones laborales y te pueden echar sin más. En definitiva, nada que preocupe a un sueco, que no tiene ninguna costumbre de dormir la siesta. Sin embargo, toda esta historia del insomnio, está empezando a hacer mella. A pesar de mis importantes responsabilidades en el trabajo y de mi gran motivación, hoy he caído en redondo. Uno de mis subordinados ha aprovechado la oportunidad para obtener una prueba inescrutable de incumplimiento de mis responsabilidades laborales…  20070620037s.jpg

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Insomnio

En Suecia, en esta época del año, amanece muy temprano. A veces el reloj puede engañar a la mente. Despertarse de repente, en mitad de la noche, mirar el reloj de pulsera, y ver que son a penas las 7 de la mañana: “Es curioso como aún esta tan oscuro. Quizás esté nublado hoy, a pesar de la hola de calor de estos días, hoy amanece nublado”.
 
Las 7 de la mañana es una buena hora para despertarse. Para que de tiempo a ducharse y a desayunar sin prisas. Da cierta alegría saber que el cuerpo ha tenido todas esas horas para descansar. De 11 a 7 de la mañana son 8 horas. Perfecto. Después de varios días de insomnio, una noche por fin, 8 horas de merecido descanso. Un día más sin dormir mis 8 horas y me da algo. Hay gente que puede dormir 6 horas o menos, y estar completamente descansada. Yo necesito dormir mínimo 8, aunque idealmente 10, para estar al 100%. Para poder cumplir con mis responsabilidades en el trabajo, y también en casa. Si no duermo lo suficiente, rápidamente me pongo de mal humor, y rindo poco en el trabajo. Siempre me pasa lo mismo en ésta época del año. En estas latitudes, en Junio, amanece sobre las 3 de la mañana. Si está nublado, como hoy, no hay problema. Pero si esta soleado, entonces, a pesar de las cortinas, se mete el sol en el dormitorio, y a la mínima interrupción, abrir los ojos y ya no poder cerrarlos mas, por muy cansado que me encuentre. Esta situación puede durar todo junio e incluso julio. Dependiendo de la suerte que haya con el tiempo. Si hace muy buen tiempo, mas jodido estoy. Si hace mal tiempo, también estoy jodido, porque son los únicos meses de buen tiempo en todo el año, y hace falta que haga buen tiempo para poder recargar las baterías después del largo invierno. En fin, una paradoja de la vida.
 
Y ahora, qué?. Está entrando un rayo de sol por la ventana. Vaya, o sea que al final no va a estar nublado hoy. Miro nuevamente el reloj: las cinco y diez de la madrugada. Maldita sea. Esa simetría en las agujas de mi reloj de pulsera me la ha jugado… otro día mas de insomnio.

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